Estos son los años que hoy cumple mi hija.
Miro hacia atrás por encima de mi hombro y veo una beba recién nacida y el médico diciendo "te felicito es una nena", y mi alegria, ahora tenia la parejita. Mientras la reviso viendo que está bien, toda enterita, me
maravillo nuevamente de ser madre, de que ese bultito es mio.
maravillo nuevamente de ser madre, de que ese bultito es mio. Y mientras sigo mirando aparece una nenita charlatana de año y medio que cada vez que yo quiero darme corte de lo que habla se queda muda.
Y sigo mirando y veo a esa nenita un poco más grande con su delantal rosa de salita de 3 con su hermano que comenzaba 1º grado en la clásica foto del primer día de clases. Y la veo contenta en el jardín, entusiasmada y a los pocos meses llora siempre. La cita a la escuela, la directora diciendo "Si sigue asi llorando, vas a tener que sacarla porque no se adapta". Yo explicándole que no tiene que llorar que el jardín es lindo, ella asiente y no llora más. A los años me entero que lloraba porque las nenas no querían jugar con ella. Mamá tonta que no supo entender sus lágrimas, su tristeza. Ella, nena buena, obediente, que bastaba que le dijeramos algo para que lo aceptara sin más.

Sigo mirando y la nena ya está en la primaria, buena alumna, buena compañera, siempre obediente, nunca da trabajo. Sigo mirando, y veo veranos en Córdoba, en Mar del Plata, en Villa Gesell siempre junto a su hermano, y pienso ojalá siempre se quieran, siempre estén juntos.

Veo a una jovencita feliz porque va a tener un hermanito, 14 años de diferencia, la veo cuidandolo, jugando, queriéndolo con un amor más de mamá que de hermana, es su sol, es su vida, pidiendo para su cumpleaños de 15 una filmadora para filmar cada momento de la vida de su hermanito.
La veo terminando la secundaria, en su fiesta de egresada hermosa, dando sus primeros exámenes en la facultad, de novia muy enamorada. Y ya la veo irse del hogar, casada a los 20 años y a Dami triste por su ausencia. Pero ella siempre está para ir a buscarlo a la escuela al mediodia para llevarlo a comer a su casa, para cuidarlo cuando su papá estuvo enfermo y yo no podía ocuparme de Dami, para regalarle todo lo que pide o insinua que quisiera tener.


Y la veo hoy alegre, feliz, con su amor, planeando sus vacaciones, organizando su cumple. Y me veo a mi una señora ya grande (aunque mi interior sigue siendo el de esa joven mamá) junto al mismo señor con el que formé esta familia y siento que aunque los años pasaron demasiado rápido para mi gusto, que estoy feliz de lo que me deparo la vida, feliz de ver a mi hija toda una mujer.

